Arrancamos con dos tipos de lámparas, una deuda con un amigo que confió sin pedir nada a cambio, y muchas ganas. Salí a vender en autoservicios — no en ferreterías, que era el plan. La vida rara vez respeta los planes.
Durante cuatro años tuve dos trabajos. El proyecto y mi trabajo en relacion de dependencia. El garage de casa se fue llenando despacio — primero unas estanterías, después veladores, guirnaldas, cortinas de luces. Los clientes pedían y nosotros escuchábamos. Esa fue siempre la brújula.
La última Navidad en el garage fue un caos ordenado. Gente pegada una a la otra, yo esquivándolos para atender, todos apretados entre cajas y luces. Y sin embargo, todos con una sonrisa. Todavía no entiendo del todo qué pasaba ahí adentro. Pero pasaba algo.
Hubo momentos difíciles también. Momentos donde había que empezar de cero. Y empezamos. Sin mucho drama, porque aprendimos que la actitud vale más que el capital.
Hoy tenemos un local con la fachada cerrada. Cuando la gente entra y se le escapa un «qué lindo», nos sigue sorprendiendo. Cada vez. No lo damos por hecho. Alguien me dijo una vez que cuando amás algo de verdad, no podés explicarlo. Creo que Punto Home tiene algo de eso. Lo que se vive acá adentro no sabría definirlo. Y está bien así.
Nacimos siendo Punto LED. Hoy somos Punto Home. El nombre cambió porque el espíritu siempre fue más grande que las lámparas — siempre fue el hogar, la energía, las ganas de que quien entre salga sintiéndose un poco mejor que cuando llegó.
Diez años después, seguimos aprendiendo. Bienvenido a Punto Home.

